La Danza Oriental es una alternativa diferente para sentirnos en forma de una manera más creativa y orgánica, involucrando nuestra capacidad física y todo nuestro potencial expresivo y femenino.
La danza del vientre es terapéutica, actuando a nivel físico, mental y emocional.
Se siente el propio cuerpo y aprendes a amarte tal y como eres, fortaleciendo tu seguridad.
La conexión con el movimiento genera una gran sensación de euforia, bienestar y relajación mental.
Trabaja el cuerpo sin esfuerzos violentos. Indicada para cualquier mujer sea cual sea su edad y condición física.
Fortalece la espalda y el abdomen, mejorando de forma natural la alineación de la columna vertebral.
Si la clase alcanza un buen ritmo cardiovascular, pueden quemarse hasta 300 calorías por hora de forma divertida.
Se gana en flexibilidad, coordinación motora, conocimiento integral del propio cuerpo, equilibrio y memoria.
Los movimientos de cadera fortalecen de manera profunda y respetuosa la musculatura interna y el suelo pélvico.
La danza actúa como meditación en movimiento, ayudando a centramos en el aquí y ahora, evitando la rumiación.
Mejora el estado anímico, combate el estrés y genera emociones positivas desde la primera clase.
Especialmente indicada en el postparto o la menopausia, abrazando los cambios de la mujer.
Si estamos deprimidas nuestros hombros se hunden, el plexo solar se colapsa, perdemos el apetito o por el contrario se nos dispara de manera incontrolable, nos sentimos sin fuerzas y desarrollamos patologías estomacales o dolores musculares, entre otras muchas manifestaciones de somatización.
Por otro lado, si sufrimos cualquier dolencia física nos sentiremos tristes, deprimidas, apáticas… Este flujo continuo cuerpo-mente no se refleja solo en lo negativo. Desde la antigua Grecia es sabida la importancia que tiene una actitud anímica positiva para la curación, del mismo modo que filosofías orientales como el yoga nos recalcan el valor de un cuerpo sano para encontrar la armonía interior.
El poder terapéutico de la danza es tan fuerte que incluso se ha desarrollado una disciplina, la danzaterapia, que utiliza el ejercicio físico para conseguir un equilibrio profundo entre los planos cognitivos, emocionales y corporales.
Cualquier ejercicio físico nos va ayudar a sentirnos mejor anímicamente, pero a la danza en concreto se le unen no solo los beneficios del movimiento sino también los de la musicoterapia: el inmenso poder que tienen las melodías para transformar nuestros estados anímicos.
En el plano anímico, muchas alumnas recurren a esta disciplina como terapia para superar un momento personal complicado.
Al poco tiempo de asistir manifiestan que se sienten más animadas, “más centradas” en su presente.
Estar en las clases les ayuda a escapar de las dinámicas de “rumiación del pensamiento” y sobre todo destacan que sienten su autoestima mucho más potente: se aceptan, se gustan y se quieren más a sí mismas.
En el plano físico, al poner en movimiento nuestra musculatura y activar nuestro sistema cardiovascular nos liberamos de tensiones corporales acumuladas.
Al bailar de manera regular se gana flexibilidad, coordinación motora, conocimiento del propio cuerpo y desarrollo del equilibrio.
La danza oriental es una alternativa diferente al ejercicio físico tradicional, ayuda a la pérdida de peso y al fortalecimiento de nuestra estructura ósea y muscular, todo sin requerir un tipo de cuerpo previo.
La mejor forma de descubrir todo lo que la Danza del Vientre puede hacer por tu cuerpo y tu ánimo es probándola. En la Escuela de Danza Oriental Ishtar (Arganzuela, Madrid) tienes grupos para todos los niveles, desde cero.