No viniste a una clase de energía. Viniste a bailar. Y sin embargo, sales más ligera, más entera, como si te hubieras quitado un peso de encima. En la danza oriental eso se cuenta a menudo como «mover los chakras». Aquí vamos a explicarlo con los pies en la tierra: qué son realmente los chakras, por qué coinciden con partes muy concretas de tu anatomía y qué le pasa a tu cuerpo —de verdad— cuando bailas.
¿Qué son los chakras? (sin misticismo)
En las tradiciones de la India, los chakras son siete puntos repartidos a lo largo de la columna, de la base
de la pelvis a la coronilla. Lo interesante es lo que ocurre cuando los miramos con un atlas de anatomía
delante: cada chakra cae justo encima de un gran plexo nervioso y de una glándula endocrina
—esas que fabrican tus hormonas—.
No es casualidad mística: es que la sabiduría antigua localizó, por pura
observación del cuerpo, los lugares donde se concentran los «cuadros de mandos» del sistema nervioso y
hormonal. Por eso el mapa de los chakras sigue siendo útil: es una forma preciosa de recordar qué zona estás
trabajando y qué función del cuerpo estás activando.
Los siete chakras, zona a zona (y qué estimulas al bailar)
Cada movimiento de la danza se enfoca en una parte del cuerpo y, con ella, en su plexo y su glándula. Este es el recorrido, de la tierra al cielo:
Seguridad, estabilidad, fuerza
Anatomía: base de la columna (plexo sacro-coccígeo) y glándulas suprarrenales, que fabrican el cortisol y la adrenalina de la respuesta al estrés.
Bailar descalza, con pisadas firmes y golpes de cadera descendentes, descarga tensión de la base de la columna y te devuelve la sensación de estar bien plantada.
Creatividad, sexualidad, emociones
Anatomía: plexo sacro-hipogástrico y gónadas (ovarios), las glándulas de las hormonas sexuales y el ciclo.
Es el gran protagonista de la danza oriental: ochos, círculos y ondas de cadera, el camello… movilizan la zona lumbosacra y toda la pelvis, donde viven estas estructuras.
Poder personal, voluntad, digestión
Anatomía: el plexo solar (celíaco), una red nerviosa tan densa que se le llama «segundo cerebro», y el páncreas, clave en la digestión y el azúcar.
Las contracciones del vientre y el shimmy abdominal masajean las vísceras, estimulan ese plexo y activan el centro del cuerpo. Es el territorio de la Tribal Fusión.
Apertura, calma, respiración
Anatomía: plexo cardíaco y timo, una glándula del sistema inmunitario situada tras el esternón.
Las aperturas de pecho, los brazos y el juego del velo expanden la caja torácica, mejoran la respiración y deshacen la postura cerrada que deja el estrés. Suena a melodías líricas, como las danzas persas.
Expresión, comunicación
Anatomía: plexo cervical y tiroides y paratiroides, que regulan el metabolismo.
Los movimientos de cuello y cabeza y la alineación cervical movilizan esta zona y liberan la tensión acumulada en cuello y hombros, donde tantas veces «tragamos» lo que no decimos.
Concentración, foco
Anatomía: la hipófisis (pituitaria), la «glándula maestra» que dirige a todas las demás.
Los giros con punto fijo (el drishti) y la improvisación con los ojos cerrados exigen foco, equilibrio y coordinación: entrenas la atención y el sistema vestibular, y la mente se calma por pura concentración.
Amplitud, sensación de conexión
Anatomía: la glándula pineal, que fabrica la melatonina y regula el sueño.
La elongación de la columna, los brazos elevados y los giros continuos (como en la danza sufí) estiran todo el eje del cuerpo y dan esa sensación de amplitud y de salir de una misma.
Entonces, ¿por qué sienta tan bien?
Porque al recorrer esas zonas bailando no mueves «energía invisible»: mueves cosas muy reales. Movilizas toda la columna y las articulaciones, masajeas las vísceras, estimulas grandes plexos nerviosos, mejoras la respiración y la circulación, y disparas la liberación de endorfinas, que bajan el estrés y suben el ánimo. A eso se suma el efecto de la música sobre el sistema nervioso y el de moverte en grupo. La suma de todo eso —y no ningún misterio— es lo que te deja esa sensación de equilibrio al terminar la clase.
Mover el cuerpo también mueve lo que sentimos. El cuerpo guarda tensión y emociones en los músculos y la fascia. No hace falta «estar bien» para empezar a soltar: a veces el mejor camino para destensar una emoción es, sencillamente, mover la zona donde se ha quedado agarrada. Por eso la danza funciona como una meditación que no te obliga a quedarte quieta.
Un apunte: la flor de loto
Si te fijas, cada chakra se dibuja como una flor de loto con un número concreto de pétalos —de la raíz al loto de mil pétalos de la coronilla—. No es un adorno casual. La flor de loto (Nelumbo nucifera) lleva miles de años siendo símbolo de pureza y transformación en el budismo y el hinduismo, porque hace algo asombroso: nace en el fondo del estanque, entre el barro, y emerge limpia e intacta. No florece a pesar del lodo, sino gracias a él: el barro es su alimento.
Y aquí, otra vez, la ciencia confirma el símbolo. En 1997, los botánicos alemanes Wilhelm Barthlott y Christoph Neinhuis explicaron por qué las hojas de loto nunca se ensucian: su superficie está cubierta de una nanoestructura de cristales de cera microscópicos sobre la que el agua no se extiende, sino que forma esferas que ruedan arrastrando la suciedad. Lo bautizaron el «efecto loto», y hoy inspira pinturas autolimpiantes y tejidos impermeables. Es decir: una metáfora de más de 5.000 años tenía, debajo, una base física real. Como los chakras y las glándulas, el loto nos recuerda que lo simbólico y lo anatómico, muchas veces, hablan de lo mismo.
La verdad sobre chakras y glándulas: el mapa que empareja cada chakra con una glándula no es antiguo; lo popularizó el teósofo Charles Leadbeater en 1927 y lo difundieron autores posteriores. Los plexos nerviosos y las glándulas son reales y están, efectivamente, cerca de cada chakra, y mover esas zonas al bailar los estimula de verdad. Lo que no está demostrado es que circule por ellos una «energía» medible. Así que nos quedamos con lo sólido: la danza moviliza nervios, glándulas, respiración y hormonas. Eso basta para explicar por qué te sienta tan bien.
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Preguntas frecuentes
¿Qué son los chakras?
Siete puntos a lo largo de la columna según las tradiciones de la India. Con anatomía moderna, cada uno cae cerca de un plexo nervioso y una glándula endocrina, así que funcionan como un mapa del cuerpo.
¿Los chakras tienen base científica?
Los plexos y las glándulas son reales y están donde marcan los chakras. Lo no demostrado es la «energía» que circularía por ellos; esa correspondencia es una reinterpretación del siglo XX. Lo sólido es que mover cada zona estimula nervios, glándulas, respiración y circulación.
¿Hace falta creer en nada para notar los beneficios?
No. Tanto si lo tomas de forma espiritual como si solo lo usas de mapa, el efecto es físico: sueltas tensión, mejoras postura y respiración, y sales más ligera.
¿Necesito experiencia para empezar?
No. Se empieza desde cero y a cualquier edad. Importa más habitar el cuerpo que la técnica perfecta.